¿Qué son y para qué se usan las tarjetas RFID?

Publicado el: 28/08/17 10:34

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Con el fin de facilitarnos las acciones cotidianas y mejorar los recursos ya existentes, la tecnología continúa avanzando e instaurándose en nuestras vidas. Entre sus muchas aplicaciones y versiones, la tecnología RFID (Radio Frequency IDentification) se ha hecho un hueco de valor incalculable en el mundo de la seguridad y el control de acceso a zonas restringidas. De entre todos sus formatos posibles, las tarjetas RFID son el más común y utilizado.

¿Qué es y qué significa RFID?

Las siglas RFID responden a Radio Frequency IDentification (en español Identificación por Radiofrecuencia) y hacen referencia a la comunicación por radiofrecuencia, es decir, mediante ondas de radio. Esta tecnología se está haciendo cada vez más popular entre las empresas de seguridad y grandes eventos, ya que se presenta como la mejor solución para conseguir un aumento de la seguridad y una obtención de información útil y de primera mano para el administrador de la tecnología.

Esta tecnología es capaz de conectar múltiples dispositivos que se comunican entre sí sin necesidad de que exista un contacto directo entre ellos, es decir, usa una comunicación contactless. Todos los elementos que forman parte de la comunicación por radiofrecuencia se comunican por ondas de radio. Para que esta comunicación se produzca, hay tres dispositivos indispensables: un emisor, un lector y un software.

Las tarjetas RFID usan la comunicación por radiofrecuencia para evitar el contacto con el resto de dispositivos

El emisor, en este caso, se trataría de un chip RFID que emite señales, la información que se ha guardado previamente en él, cuando el lector le transfiere energía o por sí mismo, dependiendo de si es pasivo o activo. El lector RFID recibe estas señales y las decodifica, las traduce, para enviarlas a un software capaz de mostrar en un ordenador el proceso de comunicación entre ambos. Mediante el software, el administrador de la tecnología obtiene información del control de accesos y el chip RFID, el cual suele instalarse en pulseras, llaveros o tarjetas.

Las tarjetas RFID

Los chips RFID, que funcionan mediante esta tecnología albergan información y pueden ser configurados. Debido a sus múltiples usos y su pequeño tamaño, se instauran en formatos sencillos y ligeros para los usuarios. Dentro de estos formatos, el más común es la tarjeta. Los chips RFID se instalan en una tarjeta de PVC y éstas pasan a ser tarjetas RFID.

Las tarjetas RFID son una opción perfecta por su tamaño, peso ligero y su uso es intuitivo y rápido para el cliente. Al haberle instalado el chip a la tarjeta, su funcionamiento es el mismo que el que hemos explicado, es decir, usa las ondas de radio para emitir señales y comunicarse con el resto de dispositivos sin necesidad de que exista un contacto directo entre ellos. La tarjeta, cuando pasa cerca del lector, transmite la información que lleva en su interior, la cual es recogida por el lector (imaginemos que es una máquina o una torre) y éste permite o deniega el acceso del portador de la tarjeta a la zona en cuestión, dependiendo de si su chip le permite entrar o no.

Además, gracias a su formato, los usuarios pueden y suelen guardar la tarjeta RFID en su cartera, junto a otras tarjetas o documentación importante. Como la tecnología RFID permite la comunicación contactless, el cliente ni siquiera tiene que sacar la tarjeta RFID de la cartera para pasarla por el lector, ya que su potencia de lectura alcanza hasta los 5 y 10 cm.

Los usos más comunes para estas tarjetas están relacionados con el control de acceso a determinados lugares, como puede ser nuestro lugar de trabajo o un parking. Para acceder, debemos poseer una tarjeta RFID y pasarla por el lector. Es un mecanismo sencillo e intuitivo que no supone un aprendizaje por parte del usuario. Otros lugares comunes son en el transporte público, bibliotecas o acceso a edificios empresariales.

Son perfectas para el control de accesos, aumento de la seguridad y obtención de información de los clientes

Su popularidad ha aumentado en los últimos años en parte porque permiten ser modificadas constantemente, por lo que su vida útil no se acaba con un primer uso o con un único cliente. A su vez, estas reconfiguraciones pueden darse en el mismo usuario y si cambian las condiciones o privilegios del usuario con la empresa, ésta puede transmitirlas a la tarjeta. Las tarjetas RFID son modificables y se adaptan a las necesidades de los clientes, por lo que crean usuarios diferenciados dentro de grupos homogéneos. No todos los empleados dentro de una misma empresa pueden acceder a las mismas zonas.

Y como última ventaja, está la información. La información es poder, y las tarjetas RFID dan un feedback tremendamente valioso a la empresa acerca de los usos que le dan sus clientes a estos dispositivos. Por lo que los administradores pueden reforzar la fidelización con los clientes y aprender sobre ellos, ya que pueden rastrear a qué zonas prefieren acceder, cuántas veces al día lo hacen, qué zonas reciben menos público, etc.

Etiquetas: Tarjetas de proximidad Rfid

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